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viernes, 10 de mayo de 2013

El Dante


La Divina Comedia

Infierno
Canto I

Cuenta el poeta que se ha extraviado por una oscura selva y que, al querer emprender la ascensión de una colina, se lo impiden tres fieras. Encuentra entonces a Virgilio que se ofrece a él como guía para mostrarle las penas del Infierno, luego el Purgatorio y por último el Paraíso. 

En medio del camino de la vida
vine a encontrarme en una selva oscura
de la derecha senda extraviada

¡Qué penoso es decir, ay, cómo era
esta selva salvaje, espesa y áspera
que el temor le renueva el pensamiento,

tan amargo que es casi el de la muerte!
Más, para hablar del bien en ella hallado,
de otras cosas que vi daré noticia.

No sabría decir como entré en ella,
pues tan lleno de sueños me encontraba
cuando dejé el camino verdadero.

Pero al llegar al pie de la colina,
allí donde acabábase aquel valle
que el corazón me acongojó de miedo,

alcé la vista y a su espalda estaba
vestida con los rayos del planeta
que a todos guía por cualquier camino.

Algo se me aquietó entonces el miedo
que de la noche me quedó en el lago
del corazón con la aflicción pasada.

Y como aquél que, con cansado aliento,
salido de la mar a la ribera
se vuelve al agua peligrosa y mira,

así el ánimo mío, aún fugitivo,
volviéndose atrás a ver de nuevo el paso
que no salvó jamás persona viva.

Cuando al cansado cuerpo di reposo,
por la desierta falda seguí andando
y el pie más bajo siempre era el más firme.

De pronto, casi al comenzar la cuesta,
apareció ligera y agilísima
una pantera con la piel pintada,

y no se me apartaba de delante.
De tal modo impedía mi camino
que estuve por volverme muchas veces.

Tiempo era ya del empezar del día
y el sol salía con los mismos astros
con que salió cuando el Amor divino

movió al principio aquellas cosas bellas.
Buena razón de confiar me daba,
ante la fiera de la piel brillante,

la hora del día y la estación tan dulce,
más no sin que temor no me infundiese
ver un león que apareció a mi lado.

Imaginé que contra mí venía
con hambre airada y alta la cabeza, 
tanto que el aire pareció temerlo.

Y una loba después que, en su magrura,
cargada semejaba de deseos,
y a mucha gente miserable hizo.

Tal turbación la loba me produjo
con el temor nacido de su vista
que no esperé llegar hasta la cumbre.

Y como aquél que goza atesorando,
llegado el tiempo de perder, en todos
sus pensamientos se entristece y llora,

tal me ocurrió con la agitada bestia,
que, acudiendo a mi encuentro, poco a poco,
me rechazó hacia donde el sol se calla.

Cuando al bajo lugar retrocedía,
se me ofreció a los ojos quien un mudo
por su terco silencio semejaba.

Cuando a este hombre vi en el gran desierto:
“¡Apiádate de mí! ─le dije a gritos─,
tú, sombra vana u hombre verdadero.”

“No soy hombre; lo he sido ─me repuso─,
lombarda fue la tierra de mis padres
y Mantua fue la patria de uno y otro.

Nací sub I ulio, aunque tardíamente,
y bajo el buen Augusto viví en Roma
cuando los dioses falsos y engañosos.

Poeta he sido y he cantado al justo
hijo de Anquises que volvió de Troya
después de arder la altiva Ilión en llamas.

Mas, ¿por qué caes de nuevo en tanta pena,
por qué no escalas la montaña amable
que es principio y razón de todo goce?”

“¿Eres tú aquel Virgilio, aquella fuente
que derrama, al hablar, caudal tan grande?”
─le pregunté con frente ruborosa─.

¡Ah, honor y luz de los demás poetas,
válgame el largo estudio y amor tanto
que me ha hecho perder cerco a tu volumen!

“Mi maestro eres tú y el autor mío.
Tú sólo eres aquel del que he imitado
el estilo tan bello que me honra.

Mira esa fiera por la cual me vuelvo.
Famoso sabio, ayúdame contra ella,
que hace temblar mis venas y mi pulso.”

“Te conviene seguir otro camino
─me dijo cuando contempló mis lágrimas─,
si quieres huir de este lugar salvaje;

porque esta fiera ante la cual tu clamas
no deja a nadie atravesar su senda,
tanto que mata a quien intenta hacerlo.

Su instinto es tan malvado y sanguinario
que nunca sacia su ávido apetito
y aún después de comer más hambre tiene.

Con muchos animales se aparea
y más serán aún, hasta que llegue
el Lebrel que la hará morir de angustia.

Este no comerá tierra ni peltre,
sino virtud, amor, sabiduría,
y su patria estará entre Feltre y Feltro.

Salvación será de esta humilde Italia
por quien de sus heridas Turno, Euríalo,
la doncella Camila y Niso han muerto.

Este le dará caza en cada pueblo
hasta que a los Infiernos la devuelva,
de donde antaño la sacó la Envidia.

Más ahora por tu bien pienso y comprendo
que me debes seguir; seré tu guía;
saldrás de aquí para un lugar eterno

en donde oirás gemidos desgarrados,
verás viejos espíritus dolientes,
clamando la segunda muerte todos.

Verás también los que están contentos
entre las llamas, porque hallarse esperan,
a su debido tiempo, con los justos.

Si en seguida deseas ir hasta ellos,
otra alma te guiará mucho más digna;
te dejaré con ella cuando parta,

pues el Emperador que en lo alto reina,
porque a su ley rebelde fui, no quiere
que en su ciudad, por mí, penetre nadie.

Impera en todas partes y allí manda.
Allí está su ciudad, y su alto trono:
¡feliz aquél que elige al lado suyo!”

Y le dije: “Poeta, te conjuro
por ese Dios que tú no conociste,
a evitarme este mal y otros peores,

que me lleves allí donde me hablas,
y que me vea la puerta de san Pedro
y a los que, según dices, tanto sufren.”
Anduvo entonces y seguí sus pasos.


Dante Alighieri
La Divina Comedia, Círculo de Lectores, 1974

sábado, 1 de octubre de 2011

Dante Alighieri

 
Dante Alighieri (1265-1321), fue poeta, prosista, teórico de la literatura, filósofo y pensador político italiano. Está considerado como una de las figuras más sobresalientes de la literatura universal, admirado por su espiritualidad y por su profundidad intelectual.

Dante nació en Florencia, en los últimos días de mayo o los primeros de junio del año 1265, en el seno de una familia que pertenecía a la pequeña nobleza. Su madre murió cuando todavía era pequeño, y su padre al cumplir los 18 años. El acontecimiento más importante de la juventud de Dante Alighieri, según su propio testimonio, fue conocer, en el año 1274, a Beatriz, la mujer a quien amó y a la que exaltó como símbolo supremo de la gracia divina, primero en la Vida nueva y, más tarde, en su obra maestra, la Divina Comedia. Los especialistas han identificado a Bice di Folco como la noble florentina Bice di Folco Portinari, que murió en 1290, con apenas 20 años. Dante sólo la vio en tres ocasiones y nunca habló con ella, pero eso fue suficiente para que se convirtiera en la musa inspiradora de casi toda su obra.

Se sabe muy poco acerca de la educación de Dante, aunque sus libros reflejan una amplia erudición que comprendía casi todo el conocimiento de la época. En sus comienzos recibió una gran influencia de las obras del filósofo y retórico Brunetto Latini, que aparece, por otro lado, como personaje destacado en la Divina Comedia. Hacia 1285 se encontraba en Bolonia, y se supone que estudió en la universidad de esa ciudad. Durante las luchas políticas que tuvieron lugar en la Italia de aquellos años, se unió en un principio al bando de los güelfos, opuestos a los gibelinos (véase güelfos y gibelinos). En 1289 formaba parte del Ejército güelfo de la ciudad de Florencia que combatió en la batalla de Campaldino, en la que los güelfos vencieron a los gibelinos de Pisa y Arezzo. Por esa misma época se casó con Gemma di Manetto Donati, perteneciente a una destacada familia güelfa florentina.
 
La primera obra literaria de Dante fue la Vida nueva, escrita muy poco después de la muerte de Beatriz. Se compone de poemas que responden a la estructura del soneto y de la canción o canzone, entre los que se intercalan textos en prosa. En ella se narran acontecimientos relacionados con el amor del poeta hacia Beatriz, como el sueño en el que Dante la ve muerta, la muerte real de la joven y la decisión del enamorado que, desesperado, decide escribir una obra literaria dedicada a ella, como último monumento a su amor.

La Vida nueva muestra claramente la influencia de la poesía amorosa trovadoresca (véase Trovadores y troveros) de la Provenza francesa, y supone el punto culminante del Dolce Stil Nuovo, nombre que recibe la poesía escrita en la lengua vernácula en la Florencia de aquellos años. Esta obra consigue superar la tradición provenzal, pues describe los sentimientos amorosos del poeta de una manera sublime e idealista, pero insinúa una elevada espiritualidad muy próxima al misticismo. La Vida nueva, con su contenida intensidad de sentimientos, constituye una de las grandes obras de la literatura europea. La obra probablemente fue escrita entre 1292 y 1293 o incluso 1294.

Durante cinco años, Dante participó activamente en la vida política de Florencia. Ciertos documentos fechados en 1295 le sitúan inscrito en el gremio de médicos y boticarios, ya que quienes no pertenecían a la nobleza no podían participar en el gobierno de la ciudad a no ser que fueran miembros de una corporación. En 1300 partió hacia San Gimignano al frente de una misión diplomática. Ese mismo año fue elegido como uno de los seis magistrados de Florencia, cargo en el que se mantuvo sólo dos meses. Durante su mandato se profundizó la rivalidad existente entre las dos facciones del partido güelfo florentino, los llamados negros, que veían en el Papa un interesante aliado contra el poder imperial, y los blancos, que pretendían mantenerse independientes tanto del Papa como del emperador del Sacro Imperio Romano Germánico. Con el fin de mantener la paz en la vida política florentina, se decidió desterrar a los jefes de las dos facciones enfrentadas. Sin embargo, apoyados por el papa Bonifacio VIII, los cabecillas de los güelfos negros regresaron a Florencia en 1301 y se apoderaron del gobierno de la ciudad. Dante, que se había opuesto al papa Bonifacio VIII, fue expulsado por un periodo de dos años y le impusieron una elevada multa. Al no hacerla efectiva le amenazaron con ejecutarlo si regresaba a la ciudad.

El exilio del poeta transcurrió entre Verona y otras ciudades del norte de Italia. Vivió en París entre 1307 y 1309. Durante este periodo de tiempo, sus ideas políticas sufrieron una considerable mutación y abrazó la causa de los gibelinos, que aspiraban a la unificación de Europa bajo el gobierno de un emperador culto y competente.

Durante los primeros años de exilio, el poeta escribió dos importantes obras en latín. La primera de ellas, De vulgari eloquentia (1304-1305), es un tratado sobre las ventajas que supondría el uso del italiano como lengua literaria. En él defiende la utilización de la lengua vernácula, establece criterios para su buen uso como lengua escrita y concluye con una sección dedicada a la crítica de algunas obras en lengua vernácula. La segunda de ellas, la inconclusa Convivio (1304-1307), fue concebida como una recopilación o enciclopedia, en 15 volúmenes, del conocimiento de la época. El primero de los tomos sería un volumen introductorio, mientras que los 14 restantes incluirían otros tantos comentarios en forma de poema. Sólo logró completar los 4 primeros libros.

Los anhelos políticos de Dante se vieron espoleados con la llegada a Italia de Enrique VII, rey de Alemania y cabeza del Sacro Imperio Romano Germánico. Las intenciones del emperador consistían en unificar Italia bajo su soberanía. En medio de una febril actividad, Dante escribió a numerosos príncipes y líderes políticos italianos, urgiéndoles a dar la bienvenida al emperador y apoyarlo en sus deseos de unificar la península Itálica, pues era la mejor manera de terminar con las luchas entre las distintas ciudades y en el interior de éstas. La muerte de Enrique VII en Siena, el año 1313, acabó con las esperanzas políticas del poeta. El tratado Monarchia (1310), escrito en latín probablemente durante la estancia del emperador en Italia, constituye una exposición detallada de sus ideas, entre las cuales se encuentran la necesidad de la existencia de un Sacro Imperio y la separación total de Iglesia y Estado.

En 1316 la ciudad de Florencia ofreció a Dante la posibilidad de regresar, pero las condiciones que puso para ello eran las mismas que solían imponerse a los criminales perdonados por las autoridades de la ciudad. El poeta rechazó el ofrecimiento, argumentando que jamás regresaría a menos que le fuesen restituidos por completo su dignidad y su honor. Siguió, por tanto, viviendo en el exilio, y pasó sus últimos años en Ravena, donde murió el 13 o el 14 de septiembre de 1321. Fue enterrado en esta ciudad, pero sus restos han sido reclamados durante siglos por los florentinos, que le tenían reservada una sepultura en la iglesia de la Santa Croce.

Entre las obras menores que escribió durante este periodo se encuentran Quaestio de aqua et terra y dos églogas también en latín. La primera de las tres obras es un tratado cosmológico sobre una cuestión frecuente entre los pensadores de ese momento: si la superficie de las aguas es mayor que la de la tierra. Las églogas estaban inspiradas en el modelo desarrollado por el poeta clásico romano Virgilio, a quien Dante consideraba su más importante y duradera inspiración.
 

Dante debió de comenzar su obra maestra, la Divina Comedia, alrededor de 1307 y la concluyó probablemente poco antes de su muerte. Se trata de una narración alegórica en verso, de gran precisión y fuerza dramática, en la que se describe el imaginario viaje del poeta a través del Infierno, el Purgatorio y el Paraíso. Está dividida en tres grandes secciones, que reciben su título de las tres etapas del recorrido. En cada uno de estos tres mundos Dante se va encontrando con personajes mitológicos, históricos o contemporáneos suyos, cada uno de los cuales simboliza un defecto o virtud, ya sea en el terreno de la política como en el de la religión. Así, los castigos o las recompensas que reciben por sus obras ilustran un esquema universal de valores morales. Durante su periplo a través del Infierno y el Purgatorio, el guía del poeta es Virgilio, alabado por Dante como el representante máximo de la razón. Beatriz, a quien Dante consideró siempre tanto la manifestación como el instrumento de la voluntad divina, lo guía a través del Paraíso.
 

Cada una de las secciones incluye 33 cantos, excepto la primera, que incluye uno más y sirve como introducción. Este extenso poema está escrito en terza rima, una estructura rimada cuya distribución es la siguiente: ABA BCB CDC... etc.. La intención de Dante al componer este poema era llegar al mayor número posible de lectores, y por ello lo escribió en italiano, y no en latín. Lo tituló Commedia porque tiene un final feliz, en el Paraíso, al que llega al final de su viaje. El poeta puede por fin contemplar a Dios y siente cómo su propia voluntad se funde con la divina. Este adjetivo, divina, no apareció en el título hasta la edición de 1555, llevada a cabo por Ludovico Dolce.

La obra, que constituye un catálogo del pensamiento político, científico y filosófico de su tiempo, puede interpretarse en cuatro niveles: el literal, el alegórico, el moral y el místico. Ciertamente, es una impresionante dramatización de toda la teología cristiana medieval, pero, más allá de esta consideración, el viaje imaginario de Dante puede ser interpretado como una alegoría de la purificación del alma y de la consecución de la paz bajo la guía de la razón y el amor.

Ya en el siglo XV muchas ciudades italianas habían creado agrupaciones de especialistas dedicadas al estudio de la Divina Comedia. Durante los siglos que siguieron a la invención de la imprenta aparecieron más de 400 ediciones distintas sólo en Italia. La epopeya dantesca ha inspirado, además, a numerosos artistas, hasta el punto de que han aparecido ediciones ilustradas por los maestros italianos del renacimiento Sandro Botticelli y Miguel Ángel, por los artistas ingleses John Flaxman y William Blake, y por el ilustrador francés Gustave Doré. El compositor italiano Gioacchino Antonio Rossini y el alemán Robert Schumann pusieron música a algunos fragmentos del poema, y el húngaro Franz Liszt se inspiró en él para componer un poema sinfónico. El compositor contemporáneo italiano Luciano Berio también ha utilizado versos de Dante en su composición Laborintus II.

La Divina Comedia ha sido traducida a más de 25 idiomas. La primera edición en castellano fue la de Enrique de Villena, a principios del siglo XV, hoy perdida. De 1429 data una versión catalana, en verso, de Andreu Febrer, y en 1555 Pedro Fernández de Villegas tradujo el Infierno. Entre las versiones modernas al castellano destacan la de Cayetano Rosell (1871-1872); en verso, y muy difundida en su época fue la del conde de Cheste (1879) y la del argentino Bartolomé Mitre (1894), también en verso. En catalán sobresalen la de Jacint Verdaguer (1879) y la de Sagarra (1950-1952).

La influencia de Dante en la literatura española de los siglos XV y XVI fue muy importante, a partir, sobre todo, de la obra de Juan de Mena El laberinto de Fortuna o Las trescientas, terminada en 1444.


Encarta , 2005.