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lunes, 20 de noviembre de 2017

Alberto Cortez

Qué suerte he tenido de nacer
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Qué suerte he tenido de nacer,
para estrechar la mano de un amigo
y poder asistir como testigo
al milagro de cada amanecer.

Qué suerte he tenido de nacer,
para tener la opción de la balanza,
sopesar la derrota y la esperanza
con la gloria y el miedo de caer.

Qué suerte he tenido de nacer,
para entender que el honesto y el perverso
son dueños por igual del universo
aunque tengan distinto parecer.

Qué suerte he tenido de nacer,
para callar cuando habla el que más sabe,
aprender a escuchar, ésa es la clave,
si se tiene intenciones de saber.

Qué suerte he tenido de nacer,
y lo digo sin falsos triunfalismos,
la victoria total, la de uno mismo,
se concreta en el ser y en el no ser.

Qué suerte he tenido de nacer,
para cantarle a la gente y a la rosa
y al perro y al amor y a cualquier cosa
que pueda el sentimiento recoger.

Qué suerte he tenido de nacer,
para tener acceso a la fortuna
de ser río en lugar de ser laguna,
de ser lluvia en lugar de ver llover.

Qué suerte he tenido de nacer,
para comer a conciencia la manzana,
sin el miedo ancestral a la sotana
ni a la venganza final de Lucifer.

Pero sé, bien que sé...
que algún día también me moriré.
Si ahora vivo contento con mi suerte,
sabe Dios qué pensaré cuando mi muerte,
cuál será en la agonía mi balance, no lo sé,
nunca estuve en ese trance.

Pero sé, bien que sé...
que en mi viaje final escucharé
el ambiguo tañir de las campanas
saludando mi adiós, y otra mañana
y otra voz, como yo, con otro acento,
cantará a los cuatro vientos...

Qué suerte he tenido de nacer.


Alberto Cortez

sábado, 3 de diciembre de 2016

Miguel Hernández

Elegía
(En Orihuela, su pueblo y el mío,
se me ha muerto como el rayo
Ramón Sijé, a quien tanto quería)



Yo quiero ser llorando el hortelano
de la tierra que ocupas y estercolas,
compañero del alma, tan temprano.

Alimentando lluvias, caracolas
y órganos mi dolor sin instrumento,
a las desalentadas amapolas

daré tu corazón por alimento.
Tanto dolor se agrupa a mi costado,
que por doler me duele hasta el aliento.

Un manotazo duro, un golpe helado,
un hachazo invisible y homicida,
un empujón brutal te ha derribado.

No hay extensión más grande que mi herida,
lloro mi desventura y sus conjuntos
y siento más tu muerte que mi vida.

Ando sobre rastrojos de difuntos,
y sin calor de nadie y sin consuelo
voy de mi corazón a mis asuntos.

Temprano levantó la muerte el vuelo,
temprano madrugó la madrugada,
temprano estás rodando por el suelo.

No perdono a la muerte enamorada,
no perdono a la vida desatenta,
no perdono a la tierra ni a la nada.

En mis manos levanto una tormenta
de piedras, rayos y hachas estridentes
sedientas de catástrofes y hambrienta.

Quiero escarbar la tierra con los dientes,
quiero apartar la tierra parte a parte
a dentelladas secas y calientes.

Quiero minar la tierra hasta encontrarte
y besarte la noble calavera
y desamordazarte y regresarte.

Volverás a mi huerto y a mi higuera:
por los altos andamios de las flores
pajareará tu alma colmenera

de angelicales ceras y labores.
Volverás al arrullo de las rejas
de los enamorados labradores.

Alegrarás la sombra de mis cejas,
Y tu sangre se irá a cada lado
Disputando tu novia y las abejas.

Tu corazón, ya terciopelo ajado,  
llama a un campo de almendras espumosas
mi avariciosa voz de enamorado.

A las aladas amas de las rosas
del almendro de nata te requiero,
que tenemos que hablar de muchas cosas,
compañero del alma, compañero.

Miguel Hernández


Leer x Leer, Editorial Universitaria de Buenos Aires, 2008 

lunes, 15 de agosto de 2016

Mario Benedetti



Los Mortales
Ni siquiera la muerte permanece
José Emilio Pacheco

Pero estaba previsto que al aflojar la tarde
comparecieran suave los penachos las sombras
para asombrar al bando de los vivos

es imposible estar seguros
                                                 porque
¿y si resultan pinos o quimeras?
lo cierto es que no están bajo las flores

por el contrario hay quienes suponen
que pueden cultivarlas
con agüita de lluvia

en realidad
no están bajo las flores
no están bajo las cruces
no están bajo las losas
no están bajo la tierra

no están
sencillamente



Mario Benedetti, Viento del exilio

viernes, 20 de marzo de 2015

Francisco Urondo



La verdad es la única realidad

Del otro lado de la reja está la realidad, de
este lado de la reja también está
la realidad; la única irreal
es la reja; la libertad es real aunque no se sabe bien
si pertenece al mundo de los vivos, al
mundo de los muertos, al mundo de las
fantasías o al mundo de la vigilia, al de la explotación o
       de la producción.
Los sueños, sueños son; los recuerdos, aquel
cuerpo, ese vaso de vino, el amor y
las flaquezas del amor, por supuesto, forman
parte de la realidad; un disparo
en la noche, en la frente de estos hermanos, de estos hijos,
aquellos
gritos irreales de dolor real de los torturados en
el ángelus eterno y siniestro en una brigada de policía
cualquiera
son parte de la memoria, no supone necesariamente
el presente, pero pertenecen a la realidad. La única aparente
es la reja cuadriculando, el cielo, el canto
perdido de un preso, ladrón o combatiente, la voz
fusilada, resucitada al tercer día en un vuelo inmenso
        cubriendo la Patagonia
porque las masacres, las redenciones, pertenecen a la realidad, como
la esperanza rescatada de la pólvora, de la inocencia
estival: son la realidad, como el coraje y la convalecencia
del medio, ese aire que se resiste a volver después del peligro
como los designios de todo un pueblo que marcha
        hacia la victoria
o hacia la muerte, que tropieza, que aprende, a defenderse,
        a rescatar lo suyo, su
realidad.
Aunque parezca a veces una mentira, la única
mentira no es siquiera la traición, es
simplemente una reja que no pertenece a la realidad.

Francisco Urondo
Cárcel de Villa Devoto, abril de 1973

Leer x Leer, Editorial Universitaria de Buenos Aires, 2008 (Tomado de Poemas de Batalla, Seix Barral, Buenos Aires, 1998)



martes, 30 de diciembre de 2014

A Horacio Ferrer

 7 de diciembre de 2014 16:03    
Gracias Maestro!

Che poeta dejame el lápiz y la picardía de tu amanecer
Tu enciclopedia de tango tu generosidad 
Iluminame con esas carcajadas 
que supieron despertar trompetas cada madrugada.
Decile a las farras que suelten sus noches…
Ya sabemos sobradamente 
Que tu sabiduría queda en el hueco que tallaste
Al alcance de todos los chiquilines de Bachin
Y de cada loco que se abriga en tu balada.
Che poeta que linda historieta escribiste
En el Rio de la Plata
Con Lulu embriagándote el corazón 
las cuatro temporadas.
Caballero de la palabra con clavel en el ojal
Las diagonales del planeta sabrán 
Que las mariposas existen
Desde que cruzaste elogios y abucheos
Con la entereza del artista construido de emociones.
Che poeta te fuiste para volver hecho duende
Como se van las cosas amorosas de esta tierra...
No quedan dudas sino certezas.

Lomas de Zamora 22/12/2014
Pablo De Biaggio

(Publicado en Facebook en la página de Horacio Ferrer)


martes, 16 de diciembre de 2014

Federico García Lorca.





A mi querida amiga Encarnación López Júlvez.

la sangre derramada


¡Que no quiero verla!

Dile a la luna que venga,
que no quiero ver la sangre
de Ignacio sobre la arena.

¡Que no quiero verla!

La luna de par en par.
Caballo de nubes quietas,
y la plaza gris del sueño
con sauces en las barreras.
¡Que no quiero verla!
Que mi recuerdo se quema.
¡Avisad a los jazmines
con su blancura pequeña!

¡Que no quiero verla!

La vaca del viejo mundo
pasaba su triste lengua
sobre un hocico de sangres
derramadas en la arena,
y los toros de Guisando,
casi muerte y casi piedra,
mugieron como dos siglos
hartos de pisar la tierra.
No.
¡Que no quiero verla!

Por las gradas sube Ignacio
con toda su muerte a cuestas.
Buscaba el amanecer,
y el amanecer no era.
Busca su perfil seguro,
y el sueño lo desorienta.
Buscaba su hermoso cuerpo
y encontró su sangre abierta.

¡No me digáis que la vea!
No quiero sentir el chorro
cada vez con menos fuerza;
ese chorro que ilumina
los tendidos y se vuelca
sobre la pana y el cuero
de muchedumbre sedienta.
¡Quién me grita que me asome!
¡No me digáis que la vea!

No se cerraron sus ojos
cuando vio los cuernos cerca,
pero las madres terribles
levantaron la cabeza.
Y a través de las ganaderías,
hubo un aire de voces secretas
que gritaban a toros celestes,
mayorales de pálida niebla.
No hubo príncipe en Sevilla
que comparársele pueda,
ni espada como su espada
ni corazón tan de veras.
Como un río de leones
su maravillosa fuerza,
y como un torso de mármol
su dibujada prudencia.
Aire de Roma andaluza
le doraba la cabeza
donde su risa era un nardo
de sal y de inteligencia.
¡Qué gran torero en la plaza!
¡Qué buen serrano en la sierra!
¡Qué blando con las espigas!
¡Qué duro con las espuelas!
¡Qué tierno con el rocío!
¡Qué deslumbrante en la feria!
¡Qué tremendo con las últimas
banderillas de tiniebla!

Pero ya duerme sin fin.
Ya los musgos y la hierba
abren con dedos seguros
la flor de su calavera
Y su sangre ya viene cantando:
cantando por marismas y praderas,
resbalando por cuernos ateridos,
vacilando sin alma por la niebla,
tropezando con miles de pezuñas
como una larga, oscura, triste lengua
para formar un charco de agonía
junto al Guadalquivir de las estrellas.
¡Oh blanco muro de España!
¡Oh negro toro de pena!
¡Oh sangre dura de Ignacio!
¡Oh ruiseñor de sus venas!
No.

¡Que no quiero verla!
Que no hay cáliz que la contenga,
que no hay golondrinas que se la beban,
no hay escarcha de luz que la enfríe,
no hay canto ni diluvio de azucenas,
no hay cristal que la cubra de plata.
No.
¡¡Yo no quiero verla!!

Federico García Lorca

Parte II de LLANTO POR IGNACIO SÁNCHEZ MEJÍAS (1935)


sábado, 4 de octubre de 2014

El soneto

El Soneto



Un soneto me manda hacer Violante,
que en mi vida me he visto en tanto aprieto;
catorces versos dicen que es soneto,
burla burlando van los tres delante

Yo pensé que no hallara consonante
y estoy a la mitad de otro cuarteto,
mas si me veo en el primer terceto,
no hay cosa en los cuartetos que me espante.

Por el primer terceto voy entrando,
y parece que entré con pie derecho,
pues fin con este verso le voy dando.

Ya estoy en el segundo, y aun sospecho
que voy los trece versos acabando;
contad si son catorce y está hecho.


Fuente Ovejuna, Editorial Abril, 1987


sábado, 9 de agosto de 2014

Jorge Puy


ROSAS… ROJAS ROSAS

(Como esas cosas que tienen que ocurrir
...la imposibilidad de torcer el rumbo)
 
Una tarde que parte
Que se va contigo
Atraviesa el alma
Tu mirada
¡Dicen tanto tus ojos
Cuando dicen!
El adiós es una intemperie
Sin fin
Que va por dentro.
Muy lejos
Aguardan las rosas
Las rojas
Las que saben de miedos
Las que adivinan sueños
Las que hablan en silencio
Las que guardan secretos
Intuyen soledades
Inspiran los anhelos
Rosas…
Que extrañaron tus manos
Que atraparán tus besos
Rosas…Rojas Rosas
… y la espera
Que se cubre de ausencias.

Jorge Puy


Jorge Puy es un folklorista argentino y este poema lo colocó en Facebook para sus conocidos

Arturo Capdevila

Viento

 

Sopla en la noche su clarín el gélido
viento del Sur.

Una tras otra, así como rebaños
cuya impetuosa fuerza  da salud,
han pasado rugiendo diez tormentas
por las gargantas de la sierra azul.

Y ahora viene arreándolas el gélido
viento del Sur.

Negras se ponen las azules sierras
y da la luna macilenta luz
y en la gran soledad crujen las puertas…
cruje la casa bajo el viento sur.

Y todo el aire se estremece en una
profunda, inmensa, clamorosa U…
Y va en mil potros por la noche el gélido
viento del sur.



Arturo Capdevila
El libro del Idioma, Kapelusz, 1927


domingo, 6 de julio de 2014

Juan Gelman

 
 PEDRO EL ALBAÑIL


Aquí amarán, aquí odiarán, decía Pedro, albañil,
cantando,   levantando  las  paredes,
se le  habían endurecido las manos en el oficio
pero  en   las  palmas  todavía se  le  alzaban dulzuras
y  tristezas
que  iban a   dar  al muro, al techo
y después, con el tiempo, ardían sordamente
o entraban a los ojos de las mujeres dulces en
las   habitaciones
y  ellas  entristecían  como quien   se   descubre  una
nueva  soledad.

Pedro,   desde  el   andamio,
solía   cantar  el   Quinto   Regimiento,
les hablaba a los compañeros sobre Guadalajara,
Irún,
se callaba de  pronto a solas con su  España.

De  noche ponía sus manos a dormir
y él se volvía al frente envuelto en sus balazos,
remataba a sus muertos para que no haya olvido,
la cuchara de nuevo se le llenaba de rabia.

Y la mañana que se fue del andamio parecía
que una pregunta aún le brillaba en el fondo,
los compañeros lo rodeaban esperando en silencio
hasta que uno vino y dijo;   "Levanten al difunto".

JUAN  GELMAN



Digitalizado de:
Gotán
Ediciones LA ROSA BLINDADA Buenos Aires
Colección de Poesía LA ROSA BLINDADA
Dirigida por José Luis MANGIERI
2ª EDICIÓN
1ª edición:  diciembre de 1962







sábado, 7 de junio de 2014

Borges

Espadas



Gram, Durendal, Joyeuse, Excalibur.
Sus viejas guerras andan por el verso,
que es la única memoria. El universo
las siembra por el Norte y por el Sur.
En la espada persiste la osadía
de la diestra viril, hoy polvo y nada;
en el hierro o el bronce, la estocada
que fue sangre de Adán un primer día.
Gestas he enumerado de lejanas
espadas cuyos hombres dieron muerte
a reyes y serpientes. Otra suerte
de espadas hay, murales y cercanas.
Déjame, espada, usar contigo el arte;
yo, que no he merecido manejarte.


Jorge Luis Borges

El oro de los tigres – Emecé Editores, 2005

miércoles, 7 de mayo de 2014

Poesía de los pueblos originarios

El viento transmite el sonido de las hojas…

El viento transmite el sonido de las hojas
es la voz de un indómito pueblo
por miles de estrellas protegida.

             Rayen Kvyeh

Rayen Kvyeh (Flor de Luna) nació en Huequén, Novena Región, y se crió en medio de la cultura mapuche. En 1972 y 1973 cursó estudios de teatro en el Taller Experimental de Teatro de la Universidad de Concepción. Durante los años 1976-1978 se desempeñó como directora del Teatro Trigal en Concepción, donde además escribió y dirigió la obra de teatro infantil El Sueño de Mariluz. Fue prisionera de la dictadura militar y salió al exilio en diciembre de 1981, radicándose en Alemania. Allí dirigió el Teatro Las Hormigas en Freiburg durante los años 1982-1983. Participó en la redacción de la revista Blätter des IZ3W y publicó en ésta crónicas y poemas, y dirigió y escribió crónicas en la revista Huerquén del Comité Exterior Mapuche. Fue en Europa, lejos de Chile y de la tierra, que sufrió un proceso de identificación con la cultura mapuche. Decidió cambiar su nombre (originalmente se llamaba Rosa Zurita) y empezó a escribir la historia del pueblo mapuche. El año 1989 publicó en Alemania Wvne coyvn ñi kvyeh / Mond der ersten Knospen, el primer libro de una trilogía, en idioma mapudungun y alemán. Regresó a Chile el mismo año. En 1993 recibió en el Taller Internacional de Poesía del Caribe y del Mundo un homenaje de reconocimiento por su trabajo poético y el año siguiente se publicaron sus poemas en la antología poética editada por la Unión Nacional de Escritores y Artistas Cubanos (UNEAC). En julio de 1995 recibió el premio José María Heredia en Santiago de Cuba en el V Taller Internacional de Poesía del Caribe y del Mundo. Actualmente vive en la ciudad de Temuco, donde dirige la Casa de Arte-Ciencia-Pensamiento Mapuche (Mapu Ñuke-Kimce Wejiñ) y la revista Mapu Ñuke. Fuera de esto, trabaja en la publicación de su poesía en Chile; a mediados de 1997 autoeditó Wvne coyvn ñi kvyeh / Luna de los primeros brotes, en mapudungun y castellano.
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sábado, 19 de abril de 2014

Juan Gelman

El facto y los poetas

 
Los poetas se mueren de vergüenza,
ningún decreto los prohíbe,
ninguna radio los calumnia,
los poetas se mueren de vergüenza.

Alguna vez, de noche,
se ve pasar a un poeta con camello,
ubro de péstalos con crama espaminostas,
lástima,  lástima, dicen las vecinas,
porque era un buen muchacho.

Muchos de ellos se encuentran sin cojones
en el momento culminante del cariño:
no es problema, se escriben un versito
pa' la posteridá.

Juan Gelman


Gotán, Editorial La Rosa Blindada, 1962


sábado, 5 de abril de 2014

La poesía de Borges

El ciego

A Mariana Grondona

I

Lo han despojado del diverso mundo,
de los rostros, que son lo que eran antes,
de las cercanas calles, hoy distantes,
y del cóncavo azul, ayer profundo.
De los libros le queda lo que deja
la memoria, esa forma del olvido
que retiene el formato, no el sentido,
y que los meros títulos refleja.
El desnivel acecha. Cada paso
puede ser la caída. Soy el lento
prisionero de un tiempo soñoliento
que no marca su aurora ni su ocaso.
Es de noche. No hay otros. Con el verso
debo labrar mi insípido universo.   

II

Desde mi nacimiento, que fue el noventa y nueve
de las cóncavas parras y el aljibe profundo,
el tiempo minucioso, que en la memoria es breve,
me fue hurtando las formas visibles de este mundo.
Los días y las noches minaron los perfiles
de las letras humanas y los rostros armados;
en vano interrogaron mis ojos agotados
las vanas bibliotecas y los vanos atriles.
El azul y el bermejo son ahora una niebla
y dos voces inútiles. El espejo que miro
es una cosa gris. En el jardín aspiro,
amigos, una lóbrega rosa de la tiniebla.
Ahora sólo perduran las formas amarillas
y sólo puedo ver para ver pesadillas.


 


Jorge Luis Borges


El oro de los tigres, Emecé Editores, 2005